9. El Corazón de Babilonia
9. El Corazón de Babilonia
“¿Dónde nos equivocamos?” El compungido lamento de un padre que luchaba por entender la realidad a la que ahora se enfrentaba. “Tenemos una buena situación familiar y él sabe que le amamos”, continúa diciendo el padre mientras busca desesperadamente alguna explicación de por qué su hijo acaba de ser hallado culpable de tráfico de drogas, robo y asesinato.
Ese compungido lamento ha sido externado más veces de las que nos atrevemos a imaginarnos. Padres que viven con la vergüenza y la agonía de un hijo que ha caído en una vida de rebeldía y maldad. El origen de este compungido lamento puede hallarse en nuestros primeros padres y la tragedia de su primer hijo, Caín. Los padres sentirán el gozo que sintieron Adán y Eva cuando por primera vez tuvieron al pequeño Caín en sus brazos. El fruto de su amor ahora era suyo para que tenerlo en sus brazos y disfrutar de él. Al acunar en sus brazos a su nuevo y precioso pequeño, ella exclamó: “¡He adquirido varón, Jehová!”31 Eva creía que Caín sería la prometida simiente mencionada en Génesis 3:15 y que traería sanamiento y bendición a todas las naciones. ¡Oh, si eso sólo fuera cierto! Porque la amarga ironía para Eva era que el legado de Caín traería miseria, destrucción y muerte a millones. Caín se convirtió en la cabeza de una clase de adoradores que conducen su experiencia espiritual bajo sus propias condiciones. Este grupo de personas compone la mayor parte de la población mundial. Un grupo de personas que la Biblia llamaría más tarde “Babilonia”. En este capítulo, seguiremos el rastro de ese espíritu motivador detrás de este grupo de personas y cómo le afecta a usted y me afecta a mí.
“Papito, por qué tenemos que matar a ese pobre e inocente cordero?” El sacrificio de un cordero estaba calculado para mantener delante de la familia humana el precio que habría de ser pagado por su salvación y el amor de Dios al entregar un don como éste. Era un ritual que apuntaba tanto hacia adelante, a la esperanza, como hacia atrás, a la vergüenza. Era un consolador recordatorio del asombroso amor de Dios y al mismo tiempo un doloroso recordatorio de la ingratitud y el egoísmo humanos. Participar en este servicio siempre generaría sentimientos encontrados. Contemplar la cara del inocente cordero envuelto en su silenciosa agonía por fuerza subrayaría el precio de la salvación. Para todos los que contemplan el rostro del verdadero Cordero de Dios, la esperanza debe estar siempre mezclada con la agonía de alma que viene con comprender el precio de la salvación. No hacer esto o hundirá al alma en la desesperación o le hará retroceder ante el vívido horror de un precio así y reescribirá los orígenes humanos al negar que tal caída ocurrió para comenzar. Si comenzamos a dudar del amor de Dios al dar a su Hijo para que muriese, la cruz se transforma de luz en oscuridad, de un símbolo de esperanza en símbolo de vergüenza.
Después de muchos años de ver a sus padres sacrificar el cordero y ver sus lágrimas y su dolor junto con la esperanza, la paciencia y la confianza en la Simiente venidera, Caín decidió que ya no podía soportar más el sentimiento de vergüenza y la necesidad de humildad. Enfocándose en el fracaso humano que el cordero inmolado revela, Caín decidió no recordar el gran amor de Dios manifestado en un regalo como éste. Para Caín, el cordero sólo atizaba su inseguridad, parte de la primogenitura que había recibido de su padre, que a su vez la había recibido de Satanás. Para Caín, el cordero sólo le decía que era inaceptable para Dios en su propio derecho y que su conducta era desaprobada por Él. Obviamente, Satanás estimuló a Caín a tomar la atrevida decisión de quitar de su culto el sacrificio del cordero.
La Biblia nos dice que Caín trajo al Señor una ofrenda de frutos.32 También se nos dice que Caín era un agricultor que producía alimentos como parte de su trabajo. La ofrenda de Caín era un símbolo de sus esfuerzos por ganarse el respeto de Dios por medio de las obras de sus manos. Transformó su experiencia de culto de una de fe humilde a una de orgullosa exhibición; de una íntima relación de confianza a un aplacamiento contractual. Tal religión ignora el hecho de que no tenemos poder para negociar con Dios y no tenemos vida propia en la cual descansar y enfrentarnos a Dios bajo nuestros propios términos. Tristemente, Caín olvidó esto. Satanás le prometió libertad al liberarlo de la vergüenza del cordero, pero al quitar el cordero, la religión de Caín cambió de una religión de fe con el Dios verdadero a una serie de rituales basada en una representación, hechos a un dios de su propia invención. En este cambio, Caín ingirió el veneno del árbol de Duracell, dio el salto de las obras en la cuerda bungee de Duracell y aunque al principio experimentó un estimulante sentido de libertad, era sólo cuestión de tiempo antes de que la cuerda llegara a su límite y el veneno comenzara a hacer efecto.
En el capítulo 5, examinamos algunas de las cicatrices emocionales causadas por la ruptura de las relaciones familiares. He aquí un resumen:
- Buscar aprobación constantemente.
- Juzgarse a sí mismo demasiado severamente.
- Reaccionar excesivamente a situaciones sobre las cuales no tiene control – es decir, ser a menudo muy controladores.
- Tener problemas con las relaciones.
Cuando Caín se alejó del plan diseñado por Dios para salvarle, se distanció de Dios; su relación familiar se rompió completamente. Este distanciamiento alimentó las llamas de su inseguridad; el Espíritu de Dios ya no podía calmar sus temores ni ayudarle a refutar las mentiras de Satanás. Este vacío sólo aumentó y el sentimiento de vergüenza se multiplicó. Como Satanás, Caín luchó en vano para reemplazar aquel sentido de su rota relación con Dios. Por mucho que trató, nunca podría quitar aquella profunda sensación de vacío hasta que regresara emocionalmente a Dios, su reino y su plan. Las turbulentas emociones de Caín pronto estallarían. Ocurrió en ocasión del sacrificio, cuando Caín y su hermano Abel vinieron a adorar a Dios. Dios aceptó la ofrenda de Abel de un cordero al consumirlo por medio del fuego, pero dejó intacta la ofrenda de Caín. Eso era todo lo que se necesitaba para enfurecer a Caín. El pecado es extremadamente ilógico. Caín no siguió las instrucciones y luego quedó horriblemente sorprendido cuando no funcionó para él.
Imagínese yendo a la tienda y comprar todos los ingredientes para cocer una hogaza de pan. Usted pregunta al tendero cómo se hace, y él le da una lista para que la lleve a casa. Todo va bien hasta que usted huele la lavadura y decide que el pan quedaría mejor sin ella. Pone el pan en el horno y poco después ve una muy plana hogaza de pan. Ahora bien, ¿tendría sentido montar en cólera e ir corriendo donde el tendero y decirle lo que piensa por hacerle quedar como un despreciable cocinero? ¡Difícilmente! Pero esto es exactamente lo que Caín hizo con Dios.
Caín se está acercando al punto de no regreso. Habiendo abrazado el reino de Satanás donde su valía queda establecida por sus esfuerzos y su rendimiento, su capacidad para ser guiado y corregido disminuye rápidamente. Caín sabe que ha hecho lo que es incorrecto, pero la mente humana puede engañarse fácilmente y, antes que someterse humildemente a Dios, Caín se enoja. Amablemente, Dios trata de ayudarle y corregirle y le señala el prometido regalo de su Hijo, pero Caín no hace caso de la advertencia. Sus sentimientos de rebeldía aumentan y el reino de la oscuridad casi ha completado su experimento humano más exitoso.
Ahora el corazón de Caín estaba completamente dominado por las fuerzas emocionales que Satanás desató en el cielo. Quiere la aprobación de Dios, pero bajo sus propias condiciones. El sentido de su falta de valor aumentó hasta el punto en que estaba listo para explotar. Está atrapado en la horrible situación de desear la aprobación de las potestades superiores para satisfacer su anhelo de aceptación y valía, y al mismo tiempo querer ignorar que le debe todo a Dios y debía agradecer humildemente su amorosa provisión por medio del cordero. Todavía ardiendo por haber sido “humillado públicamente” en frente de Abel, comenzó a argumentar con él. Abel comienza a refutar a Caín acerca de su propio método de ofrecer culto y le anima a regresar a regresar al plan de Dios. Esto era todo lo que Caín necesitaba. Algo se rompió en su interior. Su sentido de ausencia de valía le empujó a un punto en que simplemente ya no le importaba nada, y cuando ese momento llegó, se le dio a Satanás entrada completamente libre para que asumiera el control. Satanás llena a Caín con intenso odio hacia su hermano, se olvidan las relaciones familiares, y el reino de Satanás ahora se manifiesta plenamente. Todo el cielo observa mientras tiene lugar el primer asesinato, la primera aniquilación de una sagrada y preciosa relación. ¡Esto es lo que sucede cuando se violan las leyes de Dios! El cielo queda boquiabierto y Satanás y sus ángeles deben haber experimentado una momentánea parálisis cuando la forma sin vida de Abel enrojeció el suelo con su sangre.
Satanás se encoge de hombros ante el horror de este suceso y, para asegurarse de su esclavo, impone el sentido de culpa tan profundamente en Caín que éste nunca podrá creer que Dios podría perdonarle. Esta es la locura de Satanás. Nos promete libertad y gozo si seguimos su camino de rebelión, y cuando transgredimos, es su voz la que fuertemente exige que Dios nos destruya. Al mismo tiempo, es su voz la que susurra a nuestras almas que somos demasiado malos y perversos para ser jamás aceptados por Dios nuevamente. Es su voz la que aumenta nuestro sentido de culpabilidad hasta el punto en que deseamos morir. ¡Miserable enemigo de la raza humana! ¡Nunca tendrás tu recompensa por tus cobardes y débiles tácticas! Ahora que Caín ha cruzado la línea completamente, no tiene defensa para su alma, y Satanás le empuja a exclamar: “Mi iniquidad es mayor de lo que puede ser perdonado”.34 Estas son las palabras más tristes que se pueden imaginar.Dios fue donde Caín, no para destruirle, sino para tratar de recuperarlo. Le preguntó a Caín dónde estaba su hermano, no para acusarle, sino para dar a Caín la oportunidad de arrepentirse y regresar a Dios. Tristemente, Caín pronunció aquellas afligidas palabras: “Mi iniquidad es mayor de lo que puede ser perdonado”. Creyó a las mentiras de Satanás en lugar de la palabra de Dios. Había sembrado y ahora ha cosechado.
En el versículo 11 del capítulo 4, Dios pronuncia una maldición. En la última parte de la maldición, Dios le dice a Caín que será fugitivo y vagabundo. Estas palabras hablan de alguien que tiembla y se tambalea; da la impresión de un hombre sin esperanza ni futuro. Esta maldición no fue aplicada por Dios agitando alguna varita celestial, sino que la maldición era inherente al rechazo del reino familiar de Dios, inherente al rechazo de relaciones íntimas. Su alma fue torturada porque fue creada para la intimidad, pero su corazón había escogido un camino diferente. Anhelaba siempre el amor, pero rechazaba siempre a los que se le acercaban. Deseaba la cercanía, pero no podía nunca permitir a la gente que viniera a la cámara secreta de su corazón donde abundaba su ausencia de valía. Quería tener amigos pero desconfiaba siempre de un rival de su poder. Aquí reside la verdad del proverbio: “No hay reposo para los malvados”.
La Biblia nos dice que Caín salió de la presencia del Señor.35 Ahora vivía sin la sensación de que Dios estaba cerca de él. Creyendo que su pecado le había separado de Dios, separó a Dios de sí mismo. Ahora con mayor necesidad que antes de aprobación y valía, comenzó a construir una ciudad. Quería reunir gente alrededor de sí mismo y ser su líder. Quería construir grandes edificios y derivar su valía de lo que había conseguido. Quería rodearse de las obras de sus manos y aislar de la conciencia, hasta donde pudiera, la evidencia de las obras de Dios. Quería ocuparse hasta el punto en que no tuviera tiempo para hacerse preguntas sobre el estado de su alma.
Y así, Caín se convirtió en el canal para el establecimiento del reino de Satanás en la tierra. Por medio de él, se desarrolló una raza de hombres que mostraron todas las señales de la inseguridad y la falta de valía. Eran buscadores de poder y posición, desarrollando un espíritu controlador que era celoso de cualquier rival, en una búsqueda interminable de una identidad aparte del Dios que hizo los cielos y la tierra. Mientras Satanás pudiera mantener a los seres humanos buscando valía dentro de ellos mismos en vez de en los brazos del gran Dios relacional y personal, podría controlarlos. Y así se ha hecho. Durante los siglos, Satanás ha tenido bajo su dominio a una clase de personas, atando sus almas sin valor e inseguras a la suya propia y buscando gobernar el mundo.
Hemos estudiado el corazón de Babilonia, un corazón torturado buscando identidad y valía por medio de lo que hace, buscando aprobación para sus hazañas, e intentando manipular las circunstancias de modo que no sea amenazada. En el capítulo siguiente, continuaremos el desarrollo de este corazón a medida que crece a través de la historia humana.

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